LA REMINISCENCIA DEL DESPERTAR
- Aarón Barba

- 3 mar 2025
- 2 min de lectura
Es la capital en la lisonjera mañana la que ilumina mi rostro, facilitando, así, dejar atrás la trepidante aventura que hace que mi conciencia descanse, pero se interrumpe espontáneamente para iniciar una acción tras otra, manteniendo a mi ser ocupado, solo para luego regresar al mismo punto de partida.
Es este comienzo castellano el que me hace mirar hacia el exterior. ¡La arboleda verdosa! ¡La cálida paleta que se dibuja desde el este en un índigo apasionante! Tan hermoso como el día que se nos ofrece, tan sublime que ni la noche estrellada podría superarlo.
Al salir, la delicada brisa acaricia mi tez enrojecida. Observo con atención: la luna ha muerto para dar paso a un glorioso amanecer. Por todo esto, las ramas se alzan en celebración, haciendo sonar cascabeles que elevan el inesperado ánimo de esta alegría. Ya era entonces cuando caminaba, sintiendo la ligereza al disfrutar de las grandes calles por las que, si otros pasan, ni siquiera las perciben.
Continúo mi paso; no necesito un sonido diferente al del lugar mismo porque es reconfortante. Además, si atento estuvieras, una especie cercana e indagadora acompañaría tu trayecto como si de algo extraordinario se tratase, yUn amanecer sublime despierta emociones y reflexiones sobre la belleza de lo cotidiano y el porvenir. su ladrido interrumpiría el estimulante son urbano.
Todas estas aparentes insignificancias del inicio diario hacen que me sienta de una manera peculiarmente contenta. Al finalizar esta experiencia, uno ya no se alegra por lo ocurrido, sino por el cercano porvenir, en el que los jilgueros se deslizan con gracia, como en un Monet delicado al que una fotografía se percibiría como un insulto.
Sentía y siento una emoción que anula cualquier quimera vital por el despertar en tan bello lugar.

Writer: Aarón Barba
Editora: Anna Chen








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