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EL COSTO DE PERSEGUIR NUESTROS SUEÑOS

  • Foto del escritor: Stella León
    Stella León
  • 10 jul 2025
  • 4 min de lectura

Todos nuestros sueños se pueden hacer realidad si tenemos el coraje de perseguirlos. (Walt Disney)

Crecí en un pueblo de la selva peruana llamado Oxapampa, rodeada de naturaleza y con uno de los mejores cielos para la observación de estrellas. A los 8 años descubrí mi profundo amor por la astronomía, el cielo se convirtió en mi refugio en tiempos de miedo y mi relación con las estrellas se hizo más profunda.


Por alguna razón cuando escuchamos a un niño de 8 años decir que quiere ser astronauta todos lo miran con emoción, como un soñador que es capaz de lograr cualquier cosa que se proponga. Pero mientras pasan los años y un día tiene 17 y le dices a tu familia qué quieres ser astronauta esa mirada de emoción cambia a una de juicio ¿Lo dirá en serio?


Mientras vamos creciendo nuestra sociedad nos va limitando la manera en que soñamos, cuando eres pequeño se te es permitido soñar todo lo que deseas y cuan lejos puedas. Pero mientras vas creciendo esta realidad cambia, como si te pusieran un grillete en los pies para que no puedas volar más alto, para que mantengas los pies en la tierra. Este fue mi caso, mi familia siempre se veía enternecida por mi sueño de ser astrofísica, pero cuando acabé el colegio y decidí seguir ese tan loco sueño mis propios tíos y tías me dijeron que debía ser realista y conseguir un trabajo que me alcanzara para mantener un hogar, y probablemente tenían razón. 


En Perú lamentablemente no existe la carrera de astronomía así que mis únicas opciones al terminar el colegio eran irme a estudiar fuera del país. Pero cómo podría conseguirlo si mis padres no tenían los suficientes recursos para permitirme viajar fuera. Poco a poco fui cediendo y dejé mis sueños de lado. Viéndome influenciada por mi familia ya que casi todos trabajan en al área de salud decidí estudiar algo relacionado a eso, pero nada me llenaba completamente. Terminando el colegio tuve que mudarme a otra región para estudiar en una academia pre Universitaria y así postular a una Universidad pública a la carrera de Medicina. Y fue este mi punto de declive, estando allí sola y a kilómetros de mi hogar del cual nunca me había alejado tanto, entré en cuenta que si yo no luchaba por mis sueños nadie más lo haría. Me pasaría la vida frustrada por las cosas que no me atreví hacer y por las metas que no me atreví a perseguir. Entonces aprendí una de las lecicones que marcó por completo mi vida: O lo arriesgas todo por tus sueños o te quedas con el hubiera.


Como toda gran soñadora busqué soluciones ante el hecho de que no podía estudiar astronomía en mi país. Investigué en internet cuales eran mi mejores opciones y un día le dije a mis papás “Quiero entrar a una Universidad de Estados Unidos con una beca completa para estudiar la carrera de mis sueños”. Nunca entenderé la confianza inmensa que me tuvieron para permitirme seguir adelante con esa idea, quizá después de todo creían que me había vuelto loca y simplemente lo dejaron estar. Nadie en mi región lo ha logrado antes así que era loco el simple hecho de pensarlo, pero fue en este punto donde entendí que cuando haces las cosas con pasión y eres leal a tus objetivos todo se acomoda.


Llevé clases intensivas de inglés viendo videos en youtube y con recursos virtuales pues en los colegios públicos de Perú no se termina la secundaria con una buena base en el idioma. Aprendí todo sobre los pasos y requisitos para la postulación, y un día sin más me encontraba postulando, con mucho temor e incertidumbre pero con la única certeza de que ese sí era el camino que quería. Y es que ese sueño iba más allá de poder estudiar la carrera que anhelaba, había descubierto que el sistema educativo Estadounidense encajaba penfectamente conmigo, una persona multifacética que quería estudiar tantas cosas al mismo tiempo pero en el sistema educativo de mi país nunca hubiera podido hacerlo. 


Con mucho esfuerzo un día me desperté con una carta de aceptación, mi primera carta de aceptación, la emoción me embargaba y el orgullo que noté en mis padres me hizo ver que todos los miedos valieron la pena. Pero la emoción duró relativamente poco cuando descubrí que mi beca solo cubría la matrícula pero no los costos de vida, que mi familia obviamente no podría costear. Sin embargo, más allá de sentirme desmotivada fue un gran impulso, porque postulando por mi cuenta había logrado esos resultados, que no podría lograr si tuviera el apoyo de algún asesor. Entonces me ví postulando a programas de asesorías, de la embajada de Estados Unidos, de organizaciones internacionales, etc. Y finalmente fui aceptada en todas ellas. 


Hoy miro todo mi camino en retrospectiva y me cuesta creer que fue posible. Cómo fue que una estudiante de un pequeño pueblo de la selva Peruana, que egresó de un colegio público, y tuvo que enfrentar desde pequeña la opinión de su familia y de todo su entorno para poder seguir sus sueños haya llegado hasta aquí. Mi país carece de muchas cosas, carece de un buen sistema educativo, carece de profesores y padres que impulsen a los estudiantes a superarse y ver más allá de las posibilidades que les dan sus familias, pero no carece de soñadores. Espero poder inspirar a más niños de zonas rurales a ir tras sus sueños; demostrar que nuestro país tiene más talento del que creen, y que de los lugares menos esperados y de contextos más difíciles emergen los líderes del cambio.


Hace falta ser valiente para ir tras nuestros sueños, nada nos asegura que las cosas serán tal y como las soñamos pero si no las intentamos definitivamente no sucederán.






Writer: Stella León

Editora: Anna Chen

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