TOC, TOC
- Aarón Barba

- 12 oct 2025
- 3 min de lectura
Toc, toc—llaman a la puerta.
Toc, toc—es una feroz orda.
Toc, toc—son mujeres.

Llamaban a la puerta del progreso pioneras indomables, guerreras del derecho, mujeres de armadura férrea. La llegada de un nuevo siglo traía, en sueños impíos, la esperanza de un cambio en el mundo contemporáneo, un mundo aún sumido en el tradicionalismo, el conservadurismo y la desigualdad. En este contexto, un sector de la sociedad temblaba ante la presencia de aquellas que se atrevieron a desafiar el statu quo. Este mismo mundo se vio sorprendido ante el inconformismo de aquellas de quienes menos (o incluso nunca) se había esperado tal rebelión. Corsé desabrochado y pololos a la vista atemorizaron al heroico hombre, ese hombre que se batía en la Primera Guerra Mundial y se jactaba de la largura de su escopeta, convencido de que su poder y su supremacía eran inquebrantables.
No eran simplemente mujeres que exigían derechos; eran las predecesoras de una revolución silenciosa que marcaría el rumbo de las futuras generaciones. Ellas no solo luchaban por su derecho al voto, sino por una reconfiguración radical del orden social. Ellas inspiran a futuras mujeres militares o futbolistas, aquellas que se niegan al estancamiento de una sociedad que siempre les ha dicho que no hay espacio para ellas fuera de los moldes tradicionales. Mujeres que, como sus antecesoras, se niegan a ser una sombra del legado de los hombres y deciden dejar su huella. Hoy las alabamos, leemos a Campoamor y celebramos su valentía en las calles con camisetas y banderines violetas cada 8 de marzo, gritando con voz desnuda: “Mujeres unidas, jamás serán vencidas.”. El de ahora es un mundo que se renueva y renace, como una llamada constante a seguir adelante, aun cuando las puertas no se abran a nuestra llegada.
Toc, toc—suena con mayor fuerza.
Toc, toc—son inteligencias artificiales.
El mismo sonido de aquel toc, toc resuena en nuestros días, aunque esta vez proviene de una fuente distinta. Son sistemas algorítmicos, inteligencias artificiales que, como un nuevo vanguardismo, irrumpen con fuerza en la sociedad, atemorizando a las grandes naciones del progreso. ChatGPT y DeepSeek, entre otras tecnologías, son las caras visibles de una revolución silenciosa que se desliza sin cesar, refulgiendo con una inteligencia que ya se acerca peligrosamente a la humana, sin proponerse someternos, pero con la capacidad de transformar nuestra forma de pensar, de trabajar y de vivir. Estas inteligencias no se limitan a llamar a la puerta, sino que la destruyen con la velocidad que caracteriza su productividad desbordante. Es una inercia que crece sin control, que parece imparable, mientras grandes imperios empresariales y líderes mundiales tratan de alcanzarla entre inversiones apresuradas y estrategias inciertas. Pero el progreso siempre será más rápido, más libre, más audaz, que lo que una mente finita pueda prever o controlar.
Al igual que las sufragistas, aquellas primeras luchadoras que comenzaron en silencio y fueron ignoradas, ahora las inteligencias artificiales nacen entre el escepticismo y el rechazo. El camino hacia su plena aceptación será incierto, y su impacto será gradual, pero será inevitable. Harán realidad los sueños de aquellos que se atrevieron a mirar la vida sin miedo, sin limitaciones, sin temores por los cambios que vendrán. Serán, tal vez, los nuevos Angela Davis quienes, con visión y valentía, embarquen, sin pedir permiso, en ese tren del progreso que, destruyendo puertas, construye una nueva realidad. Como las mujeres del pasado, los agentes del cambio del presente y futuro avanzarán por caminos no trazados, y sin importar los obstáculos, impondrán su visión de un nuevo mundo.
El temor puede reinar por un tiempo, y las medidas reguladoras podrían imponerse, buscando contener lo que parece incontrolable. Sin embargo, el éxtasis de estas inteligencias es inevitable para un mundo humano al que se le hace irresistible avanzar, evolucionar, adaptarse.
Así como el progreso de las mujeres, que rompieron barreras y construyeron una nueva sociedad, la inteligencia artificial destrozará las viejas estructuras que hoy creíamos inquebrantables. Caeremos, sí, pero nos levantaremos, y en ese proceso, veremos un mundo nuevo. Un mundo que miraremos con ojos frescos, recordando los que dejamos atrás para entender el presente sin miedo al cambio, sin miedo al progreso. Y en ese instante, al igual que antes, esperaremos que aquella puerta vuelva a sonar.
Writer: Aarón Barba
Editora: Anna Chen









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