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TODO SE HA IDO

  • Foto del escritor: Bruno de los Santos
    Bruno de los Santos
  • 29 nov 2024
  • 2 min de lectura

De un día para otro. 

De una mañana         a la siguiente 

todo. 


La tierra se desbordó. 

El cielo se desplomó. 

El agua no pidió permiso. 

Y el lodo no tuvo compasión.


De un momento a otro, 

calles sumergidas en silencio que llena todo, 

el silencio de quienes perdieron la voz en el torrente, 

como si sus risas, sus pasos, sus vidas,

nunca hubieran estado allí. 


Recuerdos. 

Fotos enmarcadas. 

Juguetes. 

Sillas vacías.   

Arrastrados

al

río

de

la

memoria

que

ahora

parece

sueño

oscuro. 


¿A quién culpar cuando el dolor no pide explicaciones?

¿Qué importancia tiene la previsión o la política

cuando te quedas solo con un vacío,

con un todo que se convierte en nada?


La gente lo ha perdido todo.


Ahora ya no hay más que ruinas de lo que fue una vida, 

sombras de lo que fue un hogar.  is

Los ojos supervivientes, nerviosos, 

se posan en lo que queda,

como si estuvieran buscando un rastro, 

algo que el agua no haya tocado. 


Y, sin embargo, entre todo lo que se hunde,

hay quienes nadan en la desesperación ajena.

Se deslizan silenciosos, entre el caos, 

esas manos sin vergüenza que roban lo que queda, 

aprovechándose del dolor que gime y solloza en cada esquina.

No conocen la compasión; 

no saben lo que significa

mirar los ojos de una madre que perdió a su hijo

o el temblor de una anciana que se queda sin hogar, 

sin su único refugio.


Pero entre el lodo y las ruinas,

 entre las sucias manos que toman,

se alzan otras que entregan.

Son jóvenes, rostros nuevos,

con las camisas empapadas de sudor y de lágrimas,

que se organizan, 

que limpian,

que abrazan a quienes lo perdieron todo.

Jóvenes que han decidido no esperar,

y que ofrecen fuerza, palabras, manos.


A pesar de los escombros, entre los charcos y los lamentos,

se erige un mensaje de esperanza.

La generación que se arremanga y no duda,

la que ve en el dolor ajeno una razón para actuar,

la que muestra que aún quedan humanos que son más que eso.


Y poco a poco, transforman el barro en esperanza, 

un paso, 

una mano, 

una mirada, 

que nos recuerda que entre todo lo que el agua se llevó

aún queda algo que el lodo no podrá tocar:

una humanidad que lucha, que cuida, y que permanece. 



*** Nota del autor: Este poema se inspira en la reciente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que ha afectado a Valencia (España) en los últimos días, dejando tras de sí una gran estela de devastación y desolación. Las intensas lluvias han inundado calles, hogares y también corazones, llegando a transformar la vida cotidiana en un caos lleno de lodo y tristeza.





Writer: Bruno de los Santos Muñoz

Editora: Anna Chen


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